sábado, 19 de enero de 2013

"El 20% de la población mundial consume más del 80% de la energía del planeta"

Entrevista a Javier Rodríguez Pardo de la Unión de Asambleas Ciudadanas

"En la última década la gente participa, no hay rincón por donde pase la minería transnacional y la gente no se ponga de pie al ver la forma promiscua con que desarrolla su actividad el extractivismo en general", dijo en entrevista con ACTA Javier Rodríguez Pardo, uno de los fundadores de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), movimiento que de Norte a Sur y de Este a Oeste lucha por frenar la megaminería y el modelo extractivista en general.



-¿Cómo está hoy organizada la resistencia a la minería?

Podemos decir que en la última década la gente participa, que no hay rincón por donde pase la minería transnacional y la gente no se ponga de pie al ver la forma promiscua con que desarrolla su actividad el extractivismo en general.

Son corporaciones de magnitud, muy grandes, para las que la corrupción es la forma que tienen de transar económicamente. Esto es fácilmente visibilizado por la población local en distintas provincias; eso permitió que nosotros pudiéramos logar que en muchas de ellas, los parlamentos legislaran en contra de esta minería hidroquímica a cielo abierto.

-¿Cómo nació la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC)?

En un aspecto creo que se debe fundamentalmente a los movimientos sociales que componen estas mismas asambleas locales en distintas jurisdicciones y que están interrelacionadas. Prácticamente lo que se discute en una se discute en el resto, se sabe lo que ocurre en tierra del Fuego, o en Misiones o en Jujuy, salta y Tucumán. Y finalmente se tomó la decisión de interrelacionar todas esas asambleas en las luchas, de manera que haya una participación muy grande a nivel nacional a través de la unión de las asambleas ciudadanas.

Para que esta unión sea operativa se decidió la formación de asambleas regionales. En este momento son muy efectivas la Asamblea del Noroeste Argentino, la del Litoral y fundamentalmente la Asamblea Patagónica que abarca más de seis provincias del sur. Este regionalismo hace que tengan una fuerte participación y una fuerte actividad en las problemáticas locales, que no son solamente mineras. Por ejemplo, los agronegocios con respecto a la soberanía alimentaria, los transgénicos, la defensa del bosque nativo, la biodiversidad, la especulación inmobiliaria que está de moda sobre todo en toda la costa y en el sur argentino.

-¿Qué otras cuestiones se discuten?

 Todo esto forma parte de una lucha común, y en todas las asambleas hoy domina este debate. Proponen a su vez, a nivel nacional de bases mayores la discusión de, por ejemplo, cuál es el verdadero plan energético que debe tener nuestro país, que las decisiones del gobierno no sean medidas unilaterales sino que se discutan con el pueblo, y es así que todas estas acciones en la Argentina terminan casi interrelacionándose con las luchas que tienen casi el mismo horizonte en América latina. Prácticamente todo el continente latinoamericano y centroamericano, mesoamericano diríamos, del famoso Plan Puebla-Panamá o del IRSA, hoy lucha en unidad. Todo se discute desde México hacia abajo.

-Háganos una breve descripción del Plan Puebla-Panamá y el proyecto IRSA

 En el año 2000 se reúnen los presidentes de Sudamérica en Brasilia, a pedido del Banco Mundial y de los organismos internacionales, porque entienden que la mejor manera que tienen las transnacionales de poder trabajar y operar en nuestro continente es tener un marco legal y económico apropiado. Entonces trazaron proyectos para que todos estos países cuenten con fibra óptica, con vías y ríos navegables, caminos y puentes que unan el Atlántico con el Pacífico y comuniquen el norte de América del Sur con el sur y Centroamérica. Esto fue el Proyecto IRSA, Iniciativa para Infraestructura Regional Sudamericana.

El antecedente de esto es un proyecto similar, el Plan Puebla-Panamá, para crear fuentes de energía porque la requieren las transnacionales para poder operar.

Como se sabe, nosotros siempre hacemos hincapié en la cantidad de energía que necesita una empresa minera para realizar el extractivismo, porque una cosa es volar la montaña a pura dinamita pero después hay que triturar la roca del tamaño de una pulgada, o del tamaño de dos micras, lo que requiere mucha energía.

La energía está siendo subsidiada porque en el marco legal los imperios del Norte han decidido lograr una suerte de legislación que les permita operar libremente con subsidios y facilidades legislativas. Por ejemplo, promiscuidad para extraer, con grandes impactos, porque la megaminería, por ejemplo, destruye, contamina y elimina las economías regionales, cosa que está acabadamente demostrada.

-Últimamente se habla mucho sobre el “fracking”.

Sí, el fracking es el punto. Este tema prueba que nuestro discurso, aquél que comenzamos diciendo que ya no quedan minerales en el planeta, como planteé en la charla que acabo de dar aquí para los estudiantes de agronomía de Uruguay. Antes se obtenía un 5% de cobre del mineral y ahora se obtiene un 0,4; en menos de cien años se acabó el mineral por el consumo de los países del norte. Cada habitante del Norte consume nada menos que diecinueve toneladas de mineral por año. Si pensamos que se trata del 20% de la población mundial que consume más del 80% de la energía del planeta, mientras que los pueblos del Sur componemos el 80% de la población mundial y consumimos menos del 20% vemos una enorme falta de equidad en esta relación. Esto es lo que permite generar el desconcierto y estas luchas.

-Cuando éramos jóvenes, imponer la agenda democrática de la defensa del sistema de derecho y que formara parte del discurso político parecía un sueño. Hoy nadie se atrevería a cuestionar esto, ¿a usted le parece posible instalar también en la agenda política la defensa del medioambiente?

 Está tergiversado el concepto medioambiental. La ecología social es lo que más se acerca al pensamiento que llevan adelante estas movilizaciones, estos movimientos sociales. Sí tienen que estar indefectiblemente dentro de esa agenda porque si no es ignorarlos. Ignorar algo que existe y que se da inevitablemente en todas las regiones. Desde que tengo conocimiento de nuestras luchas patagónicas en el sur patagónico, -y puedo referirme al movimiento antinuclear de Chubut, la defensa del bosque nativo y tantas otras-, la lucha es por la territorialidad. Son territorios que están siendo devastados. Hay enajenación, hay destrucción de territorios además de extranjerización de esas tierras.

Entonces la lucha es muy viable porque es además muy visible para la gente que vive este tema. Quien transita por la Patagonia, así lo haga a caballo, en un carromato, en una camioneta, en auto o como quiera, no puede dejar de ver el millón de hectáreas de Benetton de pinos, ponderosa, de rápido crecimiento, que tienen por objetivo servir de elementos de la energía para las pasteras de celulosa.

Esto es tan visible, salvo para los que se encogen de hombros. Por eso decimos muchas veces que nuestra preocupación mayor es precisamente esta gente. Uno puede estar en contra o puede estar a favor de estas luchas, pero lo terrible es darles la espalda, de alguna manera es inmoral ignorar la presencia de esta lucha entre la política que impone el imperialismo y las de los movimientos sociales.

Por Miguel Aguirre

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